Por: Juan Ricardo Alvarado 

 

Tabio es un municipio de Cundinamarca, tranquilo y muy arraigado a sus costumbres, se encuentra ubicado en una montaña conocida como Peña de Juaica, con una altura superior a los 3100 metros sobre el nivel del mar, que desde tiempos inmemoriales ha suscitado leyendas y misterios a su alrededor.

Son las nueve de la mañana, después de viajar por cuarenta minutos llego a Tabio, si bien es cerca de donde vivo nunca en mi vida lo había visitado, sin embargo tenía una idea de lo que me iba a encontrar, pensaba que era más o menos un pueblo con una pocas casas,  una iglesia y gente en ruana, y así fue.

 A eso de las once de la mañana entro a una tienda de esas que parecen una cantina, compro un cigarrillo y me siento a hablar con "Doña Ceci", como le dicen los conocidos del lugar; me habla de sus hijos y nietos que trabajan en los cultivos de flores de la región, después de hablar un buen rato y de hacerle mil preguntas me cuenta sobre las "naves" que visitan a Tabio, totalmente asombrado al encontrar una mujer que con 78 años cree en extraterrestres, le compro una cerveza y empiezo a escucharla.

Cuenta "Doña Ceci", que desde hace unos años se observa cómo en la montaña, reposan por minutos unas "naves" que tienen muchas luces, a demás de eso hacen mucho ruido y siempre, dice ella: "vienen cuando la gente las llama". Al preguntarle el lugar exacto en donde reposan estas naves, ella me señala con su mano, algo temblorosa por los años, una montaña llamada Juainca, que se encuentra en la parte superior de la iglesia.

Incrédulo por lo que me cuentan salgo de la tienda, miro la montaña y me digo: "serán los años"; después de cuestionarme unos minutos decido ir a Juainca, me subo en una buseta que me deja en los termales, después camino unos veinte minutos por la montaña y me encuentro con nada, no hay nada, solo una casa a unos quinientos metros, bueno, para no perder el viaje decido ir a preguntar por las dichosas naves de Doña Ceci.

Gustavo Rengifo es un hombre de 56 años, padre de siete hijos y esposo hace diez años de Lucero Gómez, su segunda esposa, después de fallecer Etelvina de  un cáncer gástrico. Me abre las puestas de su humilde casa, luego de presentarme y contarle el motivo de mí visita, dejó de ser un desconocido para él y me recibe como si fuera tal vez su mejor amigo.

Sentado en la sala me tomo un vaso con leche que me brinda Lucero, y es ahí donde le cuento a Gustavo lo de las "naves de Doña Ceci", en este momento Gustavo se para y me pregunta, si creo en extraterrestres; me quedo en silencio y pensando que dependiendo lo que le responda cambiaría el rumbo de mi trabajo;  decido evadirlo hablando con Lucero.

Según Gustavo, uno de los curiosos peligros que la gente del pueblo dicen que hay al acercarse a Juaica, está en el sinnúmero de personas que afirman haber visto naves voladoras internándose cerca de su cima; hay algunos que claman haber sido raptados por extraterrestres, por eso es común que grupos que buscan las simpatías de los "hermanos de espacio", se reúnan cerca a sus faldas para interceder con sus peticiones pidiendo ayuda para este mundo que necesita que le echen una mano galáctica... 

Son las ocho de la noche, estoy cansado, pero más aún estoy confundido, algo asustado, pero al mismo tiempo conforme, me despido de todos pero quedo con una gran incertidumbre de Tabio, en donde los vecinos de Gustavo son los extraterrestres.